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¿Acaso los millones de
ilegales en este país no significan un riesgo potencial en materia de
seguridad? ¿No deberíamos deportarlos?
Las implicaciones económicas
de semejante proposición, tanto en términos del costo al asumir dicho
esfuerzo, como de las ramificaciones por la pérdida de tantos millones
de trabajadores de los cuales nuestra economía depende, la hace
imposible. Los obispos Católicos creen, sin embargo, que al ofrecer a
los inmigrantes indocumentados una vía legal para la residencia
permanente, los hará presentarse ante las autoridades. Por razones de
seguridad, sería mucho mejor saber quiénes son estos individuos y
ofrecerles una oportunidad para salir de la sombra.
Nuestro país está en guerra
contra el terrorismo, ¿no deberíamos cerrar por completo nuestras
fronteras?
Los obispos católicos creen,
como muchos otros que han estudiado objetivamente la cuestión de la
aplicación de ley fronteriza, que ninguna estrategia de ley fronteriza
sería eficaz en mantener a la gente determinada en entrar, fuera de los
EU, a menos que se combine con cambios en la política dirigidos a
trabajar por aquellos factores que obligan a los inmigrantes a venir
aquí.
Desde 1993 hasta el 2004, el
gasto por la aplicación de ley fronteriza prácticamente se cuadriplicó.
Aún así, el número de entradas no-autorizadas se incrementó. Además, las
estrategias de aplicación de la ley fronteriza en los EU han encauzado a
los inmigrantes a buscar puntos de cruce más remotos, aumentando las
fatalidades y la expansión de “coyotes” y traficantes, y reduciendo las
oportunidades de detención.
El asunto de seguridad
nacional podría satisfacerse de mejor manera al tener un sistema
migratorio que permita a los inmigrantes bien intencionados la
oportunidad de entrar de manera más frecuente a través de medios
legales, permitiendo de ese modo que los recursos de aplicación de ley
se vean enfocados en terroristas potenciales, contrabandistas y otros
criminales que trataran de alterar y manipular el sistema para lograr
entrar.
22 de
agosto del 2005 |